Ya sin Basile, Boca volvió a sufrir

Volvió el fútbol. Volvió la alegría. Volvió la pasión. Volvió la ilusión de ser campeón para 20 equipos, aunque a sólo pocos les dé el cuero para lograrlo.

Volvió Riquelme y clavó un derechazo hermoso. Volvió a ofrecer garantías Abbondanzieri. Volvió al gol Palermo, quien ni con el paso de los años pierde el optimismo. Pero en Boca también volvieron los nervios, reflejados en las protestas del final. Y las fallas defensivas, que privaron al equipo de arrancar el Clausura con una victoria.

Para Boca el verano estuvo más caliente que nunca. No en vano, Riquelme propuso no jugar más los amistosos de pretemporada. Renuncia pensada de Basile, tras caer frente a River. Renuncia forzada de Bianchi, por la presión dirigencial (¿para qué le hicieron firmar por tres años como manager si lo querían sí o sí como técnico?).

Sin Basile, ni Bianchi, el Plan A pasó a ser Abel Alves, el técnico de la Reserva. Y en el debut oficial del Chueco, parecía que cambiaba la suerte en Boca. El que mejor trataba la pelota era Argentinos, sin embargo el Xeneize fue el que abrió el marcador.

En el cierre del 1º tiempo y luego de la pared con Erbes, Riquelme probó desde afuera del área los reflejos de Peric y el arquero chileno no lo defraudó: se le escapó una pelota fácil y apareció Palermo para gritar por 204ª vez en 352 partidos. Un verdadero animal del gol.

En Boca, auspicioso debut de Jesús Méndez, una máquina de tirar lujos. El ex Central también raspó y vio la amarilla a los 19. Medel por el centro, Erbes a la izquierda y un movedizo Riquelme. Arriba, Palermo resolvió casi siempre mal con los pies pero aportó su cuota habitual. Y chispazos de Gaitán, sobre todo una jugada de PlayStation que definió mal, luego de una serie de “jueguitos” en la entrada del área.

Argentinos ya empezó a extrañar a Gabriel Hauche, autor de 10 tantos en el Apertura, hoy en Racing. Ni Pavlovich ni Calderón inquietaron en demasía a Abbondanzieri. En cuanto a Caldera, quien dio marcha atrás en su decisión de retirarse, mostró toda su inteligencia para generar espacios, pero desperdició un mano a mano frente al Pato.

El conjunto de Borghi salía limpio desde el fondo, con un Canuto inspirado. Mercier y Ortigoza no renunciaban al toque. Eso sí, al Bicho le faltaba profundidad. Hablando de Bichos, nunca tan bien puesto el apodo. Una enorme cantidad de insectos invadieron la platea alta, alrededor de los reflectores. Los hinchas estaban más pendientes de evadirlos, que de ver el partido.

A falta de 12 minutos para el final, Riquelme se tomó la cintura con ambas manos y giró su cabeza hacia el banco. Alves había sacado a Gaitán para poner a Rosada, con la idea de “cerrar el partido”, una frase tan de moda últimamente. Pero algo no cerraba.

Dos minutos después, Coria ejecutó un tiro libre venenoso desde la derecha y Muñoz batió su propia valla. El defensor, en quien depositan tantas esperanzas, se quería matar.

A los 40, Riquelme armó una jugada marca registrada. Recibió en la izquierda, enganchó al medio y sacó un remate cruzado, inatajable para Peric. El 10 formado en las inferiores de La Paternal ni lo festejó.

Parecía que la sal se había ido. Algunos ya pensaban titular con la mano de Alves, pese a su extraña variante. Sin embargo, Argentinos tenía otros planes. Llegando al tercer minuto de descuento, Oberman pateó un tiro libre pasado, Caruzzo anticipó a Paletta y cabeceó al medio y el ingresado Sosa, solo frente al arco, sólo tuvo que empujar para el 2-2 definitivo.

Al Coco le tocó eso que “segundas partes no son buenas”. Al Virrey lo empujaron a irse. Martín y Román se amigaron (con el gol), pero ni siquiera eso alcanzó. Año nuevo, problemas viejos para Boca. ¿Y ahora quién podrá defenderlo?

Fuente: Espndeportes