Lo único que le falta a La Boca es rebautizarla Palermo”, dice la señora, vestida de blanco y “disimulado” rojo, quizá contagiada por la ansiedad adolescente de una hija que se sorprenderá en su cumpleaños. Ella no se confundió de barrio, ni este rincón de la ciudad se llama Caminito Hollywood. La mujer, simplemente, está loca por Palermo y espera una firma. La de la camiseta que le obsequiará a su niña bonita y la del contrato de Martín, ese goleador inoxidable. El primer gancho se produjo ayer, en el mediodía de la Bombonera. ¿El otro será posible? Sí, aunque parezca mentira, los dirigentes todavía no decidieron qué hacer con el Titán.
¿Por qué ese hombre de vida cinematográfica, casi de bronce, genera dudas en el seno de la Comisión Directiva? ¿Por qué este delantero que está apenas a dos gritos de alcanzar a Roberto Cherro, y a tres de transformarse en el máximo goleador de la historia xeneize, no tiene un cheque en blanco? Simple. Su continuidad divide las aguas entre los dirigentes, cuya interna ya tiene más rating que la de los jugadores.
Si la mayoría de los hinchas desean que siga poniéndolos disfónicos cada domingo (la encuesta de Clarín.com es un buen parámetro); si el noventa por ciento de los jugadores quiere que continúe siendo su compañero; si el propio Martín anhela jugar un año más y retirarse con la camiseta azul y oro… Si todo eso pasa, ¿por qué no hay una definición?
“La agenda no la manejan los periodistas”, dice el presidente, Jorge Amor Ameal. Y, cerca suyo, un dirigente influyente apunta: “Nosotros no tenemos ningún apuro. Pero si ahora le arreglamos el contrato a uno, van a venir otros once atrás para pedirnos lo mismo. Con el Mundial entre el final del Clausura y el comienzo del Apertura, nos sobra el tiempo”.
Ese tiempo, el de la dirigencia, no es el mismo que el plazo que se puso Palermo: definir su futuro antes del Mundial de Sudáfrica. Sabe el goleador que está muy cerca de cumplir su sueño, que Maradona lo tiene citado “en un ochenta por ciento” y quiere viajar despejado, con los papeles firmados. “Y que no sea tarde. Porque la espera no es eterna”, le confió un allegado del Titán a Clarín.
Esta incertidumbre golpea el ánimo de Palermo. Siente que no lo respetan, que no buscan protegerlo, como sí hicieron con Riquelme, con quien en diciembre intentaron sentarse a negociar la renovación. Por eso el domingo casi no gritó el gol ante Godoy Cruz, ese que lo dejó a dos tantos de los 218 que marcó Cherro en color sepia.
“Si fuera una cuestión de dinero, ya se hubiera ido hace tiempo. Tenía ofertas tres o cuatro veces superiores a las de Boca. Pero él ama esta camiseta”, añadió la fuente. Y ayer, entre las firmas de camisetas y fotos de los hinchas que lo esperaban en el playón de estacionamiento de la Bombonera, se escucharon algunas frases de apoyo. Por ejemplo, la de Ezequiel Muñoz. “No sé qué esperan. Si yo fuera dirigente, le renovaría el contrato ya. Fijate que sigue haciendo goles”, afirmó el joven zaguero.
También Nicolás Gaitán le dijo a este diario: “¿Cómo no se lo van a renovar? El es el capitán, hace goles… Y si está peleando por seguir acá, seguro que se tiene que quedar. Pero es un tema dirigencial”.
Hasta en San Lorenzo, su amigo y ex compañero, Pablo Migliore, entregó una frase de respaldo. “La verdad, no se puede creer. Yo se lo hubiera firmado en blanco el contrato. Y sino, me lo traigo para acá”, manifestó el arquero.
Palermo acumula bronca. Y los dirigentes no toman una decisión, más allá de que en las últimas horas muchos cambiaron de opinión porque viven el día a día y observan cómo trabaja Palermo y de qué manera lo hace el resto, entre ellos algún referente. Hasta Abel Alves cambió de opinión, o al menos de discurso. “A Martín y a Román no los saco más”, había dicho en Mendoza, aunque ayer lo reemplazó por Lucas Viatri en el tramo final de la práctica de fútbol.
Este hecho no es casual. Varios directivos ven en Viatri al sucesor natural del gran goleador y un buen fruto para tentar a los millones europeos. Pero Palermo sigue vigente, rompiendo récords, construyendo una imagen indiscutible. Al menos, para los hinchas.
Fuente: Clarin
