Quién sabe cuántas horas de insomnio llevará Abel Alves, el entrenador de Boca, en medio de la peor tempestad y justo antes del superclásico. Hacía bastante, nueve años, exactamente, que el partido más importante del año no encontraba a los xeneizes en el subsuelo del campeonato, en un desvarío de dudas, reproches y maldiciones. Los tensores van cortándose uno tras otro. Zumban. La mole tambalea y da la sensación de que está a punto de desplomarse. Queda una impresión: están todos contra todos. Sólo los une una camiseta azul y oro. Apenas la insignia.
Si bien se mantenía entre insinuaciones, la relación entre Alves y el plantel pareció cortarse definitivamente anoche, cuando el entrenador dejó unas cuantas frases filosas (ver Pág. 5) contra los futbolistas. Algo de eso se había intuido en su momento con las exclusiones de la formación titular de Hugo Ibarra y Roberto Abbondanzieri, ahora en Inter, de Brasil. Eso además de los muchos amagos para sacar a otros históricos. Las opiniones ya no se ocultan. Son abiertas, suenan duras.
Los tres gritos de Carlos Luna en la victoria de Tigre por 3-0 dejaron maltrecho a Boca. Si la actualidad era candente, qué decir entonces después de la goleada que lo hundió aún más en las posiciones. Casi increíble parece verlo penúltimo, junto con Lanús y Rosario Central, sólo tres puntos por encima de Atlético Tucumán. Apenas ganó un partido: ante el equipo granate por 3-1, por la 2» jornada. El resto fueron grises y decepciones en un semestre sin torneos internacionales.
Los comentarios sobre las internas y las diferencias dentro del plantel empiezan a notarse con pequeños gestos. La relación entre los jugadores y los dirigentes también es distante. Alcanza con recordar las declaraciones de Juan Román Riquelme, que dijo sentir “vergüenza” tras la derrota con Racing por 2-1. Incluso, el N° 10 criticó por elevación a la comisión directiva por la salida de Alfio Basile en plena pretemporada.
La conducción del presidente Jorge Amor Ameal también quedó en foco del fastidio. El malestar todo lo envuelve. Si hasta la semana pasada aparecieron pintadas en contra del dirigente Marcelo London, uno de los hombres fuertes en el fútbol profesional. Si se mantienen las palabras, no habrá grandes cambios hasta el final del Clausura. Si soporta la presión, Alves intentará aferrarse a sus dichos: “De acá van a tener que sacarme muerto “. Sin duda, se avecina una semana tumultuosa.
El verano no le trajo un buen augurio a Boca. Las derrotas con River, las renuncias de Basile y del manager Carlos Bianchi, los frustrados contactos con Diego Cagna y Barros Schelotto y la asunción de emergencia de Alves fueron un mal presagio. Las llamas se propagaron hasta hoy. El soplido de los hinchas dejó el eco de aquella canción que dice que el domingo cueste lo que cueste…
Fuente: Canchallena
